Por Ana Nodal de Arce, periodista

Decía el maestro Noam Chomsky, el lingüista más revolucionario del siglo XX, que “la manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica porque destruye los cerebros”.  Y en este punto se sitúan las fake news, que no son sino una muestra más de la crisis del periodismo a nivel mundial. Y es que poder, dinero y sentimientos forman una mezcla explosiva de resultados aún impredecibles.

¿Qué significa este término anglosajón? Las fake news son noticias falsas diseñadas para hacerse pasar por verdaderas con el objetivo de difundir un engaño o una desinformación deliberada para obtener un fin político o financiero. Fue considerada la palabra del año en 2017 por los diccionarios Oxford y Collins. Su uso aumentó un 365% entre 2017 y 2018. Y va a más: Marc Amorós, en su libro ‘Fake news, la verdad de las noticias falsas’, afirma que en 2022 la mitad de las noticias que consumamos serán falsas.

No obstante, la tragedia del coronavirus puede contribuir a adelantar, por desgracia, esa predicción de Amorós. La Cadena Ser ha publicado una noticia demoledora: según la Policía Nacional, alrededor de un 85% de los mensajes que se reenvían sobre el COVID- 19 son falsos o verdad a medias. A principios de abril, se habían detectado más de 200 bulos relacionados con el coronavirus, entre ellos un mensaje de audio sobre un supuesto decreto de estado de excepción, que aconsejaba ir a los supermercados a comprar para tener provisiones. Según una inspectora de este cuerpo de seguridad, detrás de estas falsas informaciones se esconden motivos tan dispares como desestabilizar el país, divertirse viendo a la gente entrar en pánico o el propio aburrimiento de quien lo lanza. Brutal.

Volvamos al origen de las fake news. El repunte de este fenómeno se avivó en 2016, durante la campaña a las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Una de las fake news más difundidas daba por hecho que el Papa Francisco apoyaba a Trump en su carrera hacia la Casa Blanca. Esta falsa información tuvo más de un millón de interacciones en Facebook. El propio pontífice la desmintió en una entrevista a un diario italiano. Sin embargo, ya se había hecho viral.

En aquellos dulces ochenta en los que llegué a la facultad de Ciencias de la Información, comprobar la veracidad de las fuentes era sagrada. Ningún profesional debía difundir una noticia sin verificar su autenticidad. Eran tiempos del periodismo en papel, del periodismo de investigación, del periodismo que buscaba la verdad por encima de la inmediatez. Se escudriñaba cada asunto especialmente escabroso, se indagaba en el origen de la noticia, se entrevistaba a cada uno de los protagonistas, se sacaban conclusiones y, cuando se consideraba que el reportaje estaba listo, reuniendo todos los requisitos de una información veraz, se publicaba. Lo más parecido a una rigurosa y minuciosa investigación policial.

Ahora, no. Los medios de comunicación acuciados por problemas económicos, se venden al mejor postor. Ya no se trata de cumplir el papel de “relaciones públicas” con la firma que te patrocina, es cuestión de conseguir que el gobierno de turno te financie. Si no, la supervivencia es imposible. De eso se sirven los que mandan para comprar voluntades y los que deberían tener como misión informar, para publicar la propaganda de quienes les pagan. Un círculo sin escrúpulos y en el que la ética informativa pasó a la historia.

Otro factor fundamental en esta crisis ha sido la irrupción de Internet, que nos coloca en el centro del universo y, gracias a Facebook, Instagram o Twiiter, nos permite una interactuación global. La contrapartida es que esas mismas redes pueden sumergirnos en una corriente de desinformación que nos haga vivir en una realidad ficticia. Claro, que tal vez sea eso lo que queremos.

En este punto, los expertos hablan de la posverdad, definida por Chomsky como la distorsión deliberada que se hace de la realidad con el fin de moldear la percepción y las opiniones de la gente. “Las personas terminan creyendo en aquello que mejor satisface sus emociones básicas, aunque esto riña con hechos probados. De este modo, cuanto más asociada esté una idea con emociones básicas de los seres humanos, más poder de arraigo tiene también”.

Los gobiernos alertan sobre estas fake news, más que nada porque ellos pueden ser protagonistas de alguno de estos inventos. Ahí entramos en otro debate: ¿hasta qué punto se debe intervenir en la difusión de noticias sin entrar en colisión con la libertad de expresión? ¿No se puede esgrimir la existencia de fake news para eliminar noticias ciertas que no interesan a una determinada administración?

No nos engañemos: la manipulación mediática ha existido desde el origen de los tiempos. Los medios de comunicación han sido utilizados como armas propagandísticas por los gobiernos, conocedores de que ese pueblo al que pretenden someter es una suma de sentimientos que pueden moldear a su antojo. Qué decir de ejemplos infames como el del ministro de propaganda nazi Josep Goebbels, a quien se le atribuye la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Cada uno de nosotros es responsable de frenar o propagar las fake news. El principal enemigo para esa práctica es la educación, la única herramienta capaz de generar en los ciudadanos ese espíritu crítico que tanto temen los gobiernos sin principios. Así pues, antes de compartir una noticia sospechosa, verifiquemos la fuente, actuemos con cautela. Claro, que si ni siquiera los periodistas toman esas precauciones, poco podemos exigir al resto de ciudadanos. Pero ésa es otra historia.

 

Por Mario Villamor Nodal

Desde el 1 al 21 de marzo Ciudad Real se ha llenado de programación reivindicando el papel de una mujer que aún no se encuentra lo suficientemente reconocida y valorada por la sociedad.

Desde el centro de información europea de la provincia de Ciudad Real, Europe Direct Ciudad Real, nos gustaría reconocer la igualdad entre hombres y mujeres, como presupuesto necesario para la democracia. Este principio rige desde la creación de la Unión Europea y es el eje vertebrador de la integración europea.

Falta de reconocimiento y de progreso social, desigualdad y discriminación entre ambos géneros son incomprensibles en el siglo XXI.

Una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual desde los 15 años. Edad, etnia, identidad, discapacidad y orientación sexuales también están interrelacionados con el género y constituyen agravantes en cuanto la discriminación.

Pero el problema, a veces, radica en combatir la base. Luchar contra el «mira cómo va vestida», «esta solo vale para fregar» o entender las relaciones de superioridad de los hombres sobre las mujeres. Respetar la libertad y reconocer la valía de cada uno es aún un reto pendiente. Según una encuesta del Eurobarómetro del año 2016, la violencia contra las mujeres sigue estando bien vista en algunos países de la Unión Europea y esto ha de cambiar. 

Todo ello, a pesar de que la mayoría son países signatarios del Convenio de Estambul del Consejo de Europa, que obliga a los países a prevenir y penalizar todas las formas de violencia, proteger a sus víctimas y procesar a los autores.

Como dijo el escritor hindú Krishnamurti, «La violencia no es sólo matar al otro. Hay violencia cuando uno emplea una palabra agresiva, cuando hace un gesto de desprecio a una persona, cuando obedece porque tiene miedo».

Igualdad, liderazgo, empoderamiento y seguridad son palabras que aún resultan extrañas a gran parte de las mujeres. Ya sea cuando salen a la calle, en sus relaciones laborales y en la manera en que son tratadas en el día a día. A modo de ejemplo: la brecha salarial de género implica que, de media, las mujeres ganan un 16% menos que los hombres en la Unión Europea. Y aunque en 2017, la UE presentó un plan de acción en este sentido, la implementación de esta normativa en los Estados miembros sigue siendo un reto.

El compromiso de la UE, por tanto, es facilitar a las mujeres las mismas posibilidades de inserción y remuneración y romper los techos de cristal. Por ejemplo no verse en la disyuntiva de familia o trabajo.

Es por ello que también se ha aprobado la Directiva europea sobre conciliación de la vida familiar y profesional, mediante la de beneficios sociales como la protección frente al despido a las trabajadoras embarazadas y a las personas que se toman permisos familiares.

En distintos ámbitos, donde la mujer ha estado tradicionalmente más relegada también se están llevando a cabo distintas acciones, fomentando la presencia femenina en el campo digital, en debates, en la ciencia y el emprendimiento.

Educar es avanzar, es progresar. Y es nuestra responsabilidad el cómo queremos que evolucione la sociedad. Garantizar la igualdad de derechos sociales y acabar con la brecha salarial, el acoso o la violencia machista deben ser nuestros primeros pasos. Aún no existe legislación a escala europea, por ejemplo, que garantice el derecho a la igualdad de género.

España y Portugal somos los más proclives a que la UE tome más acción en la igualdad de trato entre hombres y mujeres. Esto quiere decir que estamos avanzando en una buena línea.  

La Unión Europea es nuestro hogar y el mundo es nuestro espejo en el que debemos vernos y desde la juventud es desde donde debemos empezar a tomar conciencia y acción para trabajar en pro de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. 

Por Mario Villamor Nodal y Míriam Naharro Rozas

 

El auge de las conocidas como «extrema derecha» en la Unión Europea comienza a preocupar en el seno del ejecutivo comunitario. Allá donde en legislaturas anteriores eran meras sombras, hoy constituyen una fuerte realidad que suele llevar como bandera el euroescepticismo. Todo ello ya se puso de manifiesto en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo celebradas en el mes de mayo de este mismo año, donde las fuerzas antieuropeístas vieron aumentada su representación en el hemiciclo europeo hasta los 161 eurodiputados/as.

 

En nuestro país, el partido situado a la derecha de nuestro arco político, VOX, defiende la primacía del Derecho español sobre el Derecho de la Unión Europea, tal y como consta en su programa electoral[1]. ¿Qué significa esto? Lo calificado como «rechazo de imposiciones comunitarias» esconde una recuperación de competencias por parte de los Gobiernos nacionales en detrimento de la Unión Europea.

 

Cabe recordar que la Unión Europea actualmente ostenta solo la competencia exclusiva en las siguientes materias[2]: unión aduanera, normas de competencia para el mantenimiento del mercado interior, política comercial común, política pesquera común, política monetaria de los Estados miembros que tienen el euro como moneda común y celebración de acuerdos internacionales.

 

VOX comparte amistades con el grupo político Identidad y Democracia del Parlamento Europeo, que engloba a la Liga italiana de Salvini o a la Agrupación Nacional francesa de Marine Le Pen, también defensores de la recuperación de competencias por parte de los gobiernos nacionales. Más soberanía estatal y menos Europa, en resumen. Este grupo cuenta con 73 eurodiputados/as[3].  

 

Sin embargo, VOX ha optado en esta legislatura por mantenerse a un lado y pedir su adhesión al grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, que engloba al partido polaco Ley y Justicia. Este partido político ha sufrido varios encontronazos con la justicia europea, por ejemplo al considerar esta última contraria al derecho de la UE la última reforma judicial emprendida en Polonia[4].  La principal escisión entre ambos grupos de derecha del hemiciclo europeo viene en cuanto a la moneda única, el euro: los Conservadores y Reformistas Europeos han llegado a abogar por el retorno a la moneda nacional o la defensa del cristianismo como esencia de la identidad europea[5].  Entre distintos partidos del mismo grupo, incluso, algunos prefieren las políticas rusas y otros las estadounidenses de Donald Trump.

 

Así, exceptuando Irlanda y Portugal, el retorno de la derecha «más derechista» se ha instalado en todos los países de la Unión Europea. En los que no está presente en las cámaras nacionales, cabe subrayar su surgimiento y el foco que los medios de comunicación ponen en estos partidos. Tal y como explica el autor del libro «Epidemia ultra», dos factores que explican este crecimiento vienen a ser el miedo y el discurso del miedo.

 

En Italia este fenómeno es especialmente relevante, ante los resultados obtenidos por los partidos Anti-Europa en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo: la ciudadanía italiana está cada vez más distante de la UE y ha votado «no» a este proyecto. Es de especial relevancia dada su condición de país fundador.

 

Remontándonos a la historia, desde el conocido como «domingo negro» donde el partido flamenco Vlaams Blok pasó a tener 12 diputados/as en la cámara nacional, el devenir de estas derechas ha sido imparable. Austria, Francia, Holanda y Grecia han sido algunos de los países donde las sociedades se han polarizado más en cuanto a lo referente a la pertenencia de los mismos a la Unión Europea.

 

La comentada y polémica gestión de la crisis económica por parte de la Unión Europea, sumado a la crisis migratoria, donde miles de personas escapan de la guerra que se está produciendo en sus países. El endurecimiento de las fronteras y los enfrentamientos con la UE en materia migratoria no dejan de sucederse y Hungría pasa a convertirse en uno de los países más críticos con la actuación de la UE[6].  De hecho, el rechazo al reparto de migrantes en los países de la UE ha sido un foco de discusiones y enfrentamientos.

 

Ahora, el objetivo de las nuevas derechas ha cambiado y se ha centrado en una misión principal: cambiar Europa desde sus entrañas, constituyendo una seria amenaza al proceso de integración en la Unión Europea. Hungría y el partido de Orban, el polaco Liga y Justicia, la entrada del Partido de la Libertad de Austria, son algunos de estos ejemplos.

 

La Unión Europea tiene esta legislatura una importante labor, más allá de terminar de cerrar el capítulo del Brexit, que parece prolongarse de manera indefinida. Ahora, es tiempo de reconquistar a la ciudadanía italiana y convencerles de las bondades del proyecto europeo (no en vano fue merecedora del Nobel de la Paz tras conseguir el período de paz más largo de la historia[7]), además de liderar la lucha contra nacionalismos, fake news y populismos.  De hecho, el ya expresidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, hizo un llamamiento a la lucha contra los «nacionalismos estúpidos»[8].

 

El futuro de la UE reside en la ciudadanía y somos nosotros quienes hemos de determinar su devenir.

 

 

 

 

[1] Fuente: https://www.voxespana.es/wp-content/uploads/2015/12/Programa-electoral-VOX-26-J.pdf

[2] Fuente: https://ec.europa.eu/citizens-initiative/public/competences/faq?lg=es

[3] Fuente: https://www.europarl.europa.eu/factsheets/es/sheet/20/el-parlamento-europeo-organizacion-y-funcionamiento

[4] Fuente: http://www.rtve.es/noticias/20191105/tribunal-justicia-ue-dictamina-reforma-judicial-polonia-viola-derecho-comunitario/1988152.shtml

[5] Fuente: https://kaosenlared.net/cuales-son-las-relaciones-de-la-extrema-derecha-en-la-union-europea/

[6] Fuente: https://elpais.com/internacional/2015/10/16/actualidad/1445019134_419058.html

[7] Fuente: https://europa.eu/european-union/eu60_es

[8] Fuente: https://www.elperiodico.com/es/internacional/20191022/juncker-urge-en-su-despedida-a-luchar-contra-los-nacionalismos-estupidos-7695940

«La lejanía de una futura educación en la Unión Europea de carácter uniforme»
Por Mario Villamor Nodal


Me apunté al curso de YVOTE Convention en Düsseldorf (Alemania) sin una imagen clara de qué era la participación civil y, puedo decir que, una vez finalizado este, ha adquirido un nuevo significado, mucho más amplio. Y ya no solo de esto, sino también de cómo dirigir la esfera política de manera clara y efectiva. Y esto ha sido posible en tan solo una semana en Düsseldorf. Ha sido una gran inversión y una excelente oportunidad.
La democracia es una palabra compleja con un significado confuso. A veces, solo la entendemos como ir a las urnas cada cuatro años. Pero también implica nuestro derecho de petición al Parlamento Europeo, la representación que nuestros políticos ejercen en la Unión Europea, las consultas públicas y el poder que tenemos de definir nuestro destino y asegurar el adecuado funcionamiento de las instituciones europeas a través del Defensor del Pueblo Europeo.

La lucha acerca de quién ostenta la iniciativa legislativa en la Unión Europea continúa siendo un tema candente. Sin embargo, en la reunión que tuvo lugar en la Convención de Yvote entre el Comisario Europeo de Educación, Cultura, Juventud y Deporte, Tivor Navracsics y la miembro del Parlamento Europeo, Sabine Verheyen, hubo una excelente armonía entre ambas instituciones.

La Convención comenzó con una interesante dinámica donde ciertos miembros de cada grupo tenían la ardua tarea de crear historias a través de imágenes aleatorias que se proyectaban en un powerpoint. Todo ello relativo a la habilidad de improvisar y de hablar en público.

Tras el desarrollo de las dinámicas de presentación entre los participantes, aprendimos la importancia de la sociedad civil en un contexto europeo. Todos nosotros somos sociedad civil, somos el futuro y vamos a decidir el futuro de la Unión Europea, que está bajo la amenaza de nuevos retos políticos. La democracia se construye cada día a través de las acciones de asociaciones, proyectos de ámbito local, provincial, regional, nacional, europeo, internacional, voluntariado, etc. Pero tenemos que hacernos oír mediante estos canales.

La actividad de “Fishbowl Discussion” fue llevada a cabo de manera simple y mediante un interesante debate que procuraba alcanzar un consenso entre los participantes, donde se plantearon preguntas en las que todos tenemos una opinión, como pueden ser:
La edad de voto debe ser rebajada a los 16 años
La edad para comprar alcohol debe ser rebajada a los 16 años
Puedes ser representante político a los 18 años

El debate con los políticos europeos fue especialmente apasionante. Subrayaron que la prioridad europea es destinar más financiación al programa Erasmus Plus, aunque también pusieron de manifiesto que la actual prioridad de los gobiernos nacionales (y de la UE en su conjunto) no es la de centralizar competencias a un nivel europeo. La educación europea de carácter uniforme ni está ni se la espera.

Tras ello, debatimos acerca de la campaña del Parlamento Europeo “Esta vez voto” que busca incentivar la participación de la juventud en las próximas elecciones de mayo. Distintas asociaciones expusieron buenas prácticas y realizamos una pequeña simulación del Parlamento Europeo, promoviendo el debate entre la ciudadanía sobre distintos temas, como el ejército europeo o la creación de un Ministro de Asuntos Exteriores para la UE.

Identificamos distintos problemas de la sociedad civil a través de una lluvia de ideas; aprendimos a dirigirnos a los políticos mediante la redacción de recomendaciones políticas (y vimos su posible viabilidad en la vida real). En mi caso, trató sobre la inclusión social y la promoción del acceso a la información para distintos colectivos y minorías. También nos visitó el miembro del Parlamento Europeo Arnd Kohn, con el que comentamos distintos temas generales de la UE.

En el curso participamos gente de Serbia, España, Bielorrusia, Alemania, Hungría, Eslovenia, Finlandia, Países Bajos o Reino Unido y compartimos distintas experiencias y realidades sobre nuestros propios países durante estos días y pusimos de relieve la participación civil en distintos contextos.

En resumen, ha sido una experiencia increíble que tengo que agradecer a Erasmus +, AEGEE Düsseldorf y el equipo de YVOTE.

Más info: https://yvote.eu/news/a-participants-view-on-a-y-vote-convention/?fbclid=IwAR2hDCQF5nKcf-N6vqAHj_I3DqaOJ8YoOl4AYohw5AeDZBzyrHhWB85zpYA

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